viernes, 27 de junio de 2025

MIRAMOS LA PELICULA “LOS MISERABLES”


Contexto histórico de la película Los Miserables


La película Los Miserables, basada en la célebre novela de Victor Hugo publicada en 1862, transcurre en Francia durante el siglo XIX, una época marcada por profundos cambios políticos, sociales y económicos. Aunque muchas personas asocian esta historia con la Revolución Francesa de 1789, en realidad está ambientada algunos años después, especialmente en los años previos y durante la insurrección de junio de 1832 en París.


De la Revolución Francesa al siglo XIX


Tras la caída de la monarquía absoluta en 1789 y los años turbulentos que le siguieron (como el Terror y la dictadura de Napoleón Bonaparte), Francia pasó por varios intentos de reorganizar su sistema político. En 1815, después de la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo, se restauró la monarquía con Luis XVIII y luego Carlos X, en lo que se conoció como la Restauración borbónica.


La Revolución de 1830


En 1830, el pueblo francés volvió a levantarse contra el absolutismo de Carlos X en la Revolución de Julio, logrando su abdicación. Fue entonces que subió al poder Luis Felipe de Orleans, llamado “el rey burgués”. Si bien se prometieron reformas, los sectores populares —obreros, estudiantes, campesinos empobrecidos— siguieron viviendo en condiciones de miseria, marginación y represión.


La insurrección de junio de 1832


Este levantamiento, que aparece representado en la película, fue protagonizado principalmente por jóvenes republicanos y estudiantes que estaban decepcionados con la falta de cambios sociales reales. Fue un intento de sublevación que terminó en una dura represión por parte del gobierno. Aunque fracasó militarmente, este episodio fue un símbolo del deseo de justicia social y libertad que impregnaba a parte de la sociedad francesa.


La cuestión social


Victor Hugo utiliza la figura de Jean Valjean y otros personajes para mostrar las consecuencias de la pobreza, la marginación, la ley injusta y la desigualdad. A través de sus historias individuales, la película refleja los grandes problemas sociales del siglo XIX: el castigo sin redención, la situación de las mujeres, la explotación infantil, el trabajo en condiciones miserables, y la lucha por la dignidad.


Un testimonio del romanticismo


La obra de Hugo forma parte del movimiento romántico, que no solo exalta las emociones y la libertad individual, sino que también se compromete con causas sociales. Los Miserables denuncia las injusticias estructurales y plantea una esperanza en la transformación humana a través del amor, la solidaridad y el perdón.


Consigna general:


Luego de ver la película Los Miserables (versión cinematográfica o fragmentos seleccionados), responde las siguientes preguntas en forma desarrollada. Usa al menos un párrafo para cada respuesta. Puedes citar escenas concretas o diálogos si lo consideras necesario.


Preguntas de análisis:


1. Jean Valjean y la justicia:

¿Cómo se representa la ley y la justicia a través del personaje de Jean Valjean? ¿Piensas que el castigo que recibió fue justo? ¿Qué crítica social hace Victor Hugo a través de su historia?


2. Pobreza y desigualdad:

Analiza la situación de Fantine. ¿Qué muestra su historia sobre el lugar de las mujeres pobres en la sociedad del siglo XIX? ¿Qué factores sociales y económicos la empujan a la marginación?


3. La figura de Javert:¿Qué representa el inspector Javert? ¿Cuál es su visión del orden social y de la justicia? ¿Por qué su personaje entra en conflicto con Valjean?


4. Revolución y juventud:

¿Quiénes protagonizan la rebelión armada en la película? ¿Qué motivos tienen? ¿Cómo se vinculan estos personajes con el contexto de la insurrección de junio de 1832?


5. Mensaje final:

¿Cuál creés que es el mensaje central que transmite la película sobre la sociedad, la moral y el cambio? ¿Hay esperanza de transformación social o individual

lunes, 23 de junio de 2025

Revoluciones europeas del siglo XIX: 1820, 1830 y 1848

Liberalismo, nacionalismo y el conflicto social en el largo siglo XIX

Introducción


El siglo XIX europeo fue, en palabras de Eric Hobsbawm, un “siglo de la revolución”, no solo por los estallidos sociales que recorrieron el continente, sino por los profundos cambios que estos impulsaron en las estructuras políticas, económicas y culturales de la época. Las revoluciones de 1820, 1830 y 1848 marcan tres momentos clave de este proceso: cada una con características particulares, pero todas expresando las tensiones entre el antiguo régimen y el nuevo mundo que comenzaba a emerger tras la Revolución Francesa.


Estas revoluciones estuvieron protagonizadas por sectores diversos: militares liberales, burgueses constitucionalistas, intelectuales nacionalistas, obreros urbanos y campesinos descontentos. Aunque muchas de ellas fracasaron en el corto plazo, dejaron huellas indelebles: consolidaron ideologías como el liberalismo y el nacionalismo, pusieron en el centro del debate la cuestión social, y anticiparon las transformaciones estructurales que definirían la Europa contemporánea.

I. La oleada revolucionaria de 1820: el liberalismo contra la restauración absolutista


Luego de la caída de Napoleón en 1815, el Congreso de Viena intentó restaurar el orden monárquico en Europa bajo los principios del absolutismo, el derecho divino de los reyes y el equilibrio de poder. La Santa Alianza, encabezada por Austria, Rusia y Prusia, actuó como garante de esta restauración, enfrentando cualquier intento revolucionario.


Sin embargo, el deseo de libertad política y las ideas ilustradas seguían vivas. En España, el pronunciamiento de Riego en enero de 1820 obligó al rey Fernando VII a jurar la Constitución liberal de 1812, lo que despertó movimientos similares en Nápoles, Portugal y Grecia. A pesar del entusiasmo inicial, estas revueltas fueron reprimidas con violencia, restaurándose el absolutismo con apoyo militar externo (por ejemplo, la intervención de los “Cien Mil Hijos de San Luis” en España).


Según Hobsbawm, estas revoluciones “no eran aún populares en el sentido moderno”, sino que representaban los intereses de sectores militares o ilustrados que querían limitar el poder monárquico, pero no transformar radicalmente la estructura social. Sin embargo, evidenciaron que el modelo de la restauración absolutista no era sostenible sin represión continua.

II. La revolución de 1830: el ascenso de la burguesía y los nacionalismos


La segunda oleada revolucionaria estalla en Francia, en julio de 1830. El intento del rey Carlos X de restablecer el absolutismo mediante las Ordenanzas de Saint-Cloud desató una insurrección urbana en París, que lo derrocó. La burguesía liberal impuso una monarquía constitucional con Luis Felipe de Orleans, el llamado “rey burgués”. Se estableció un régimen moderado, con un sufragio censitario que favorecía a las elites económicas, excluyendo a obreros y campesinos.


El efecto dominó fue inmediato. En Bélgica, los nacionalistas declararon su independencia del Reino Unido de los Países Bajos, logrando el reconocimiento de las potencias europeas en 1831. En Italia, Polonia y los Estados alemanes, también surgieron rebeliones, muchas de ellas impulsadas por el anhelo de independencia o unificación nacional, aunque la mayoría fueron aplastadas por la maquinaria imperial austríaca o rusa.


Georges Lefebvre subraya que “la revolución de 1830 fue menos democrática que la de 1789, pero más eficaz para instaurar el predominio de la burguesía”. La figura del ciudadano se redefine, ahora asociado no tanto a la condición de ser humano, sino al propietario ilustrado, sujeto del nuevo orden liberal.


En este contexto, el nacionalismo emergente no era todavía popular o étnico, sino de elites ilustradas que pensaban en la nación como proyecto político-cultural. Giuseppe Mazzini, en Italia, fue una figura clave de este nacionalismo romántico, que soñaba con la unificación de los pueblos a través de la fraternidad y la libertad.

III. La revolución de 1848: la “Primavera de los pueblos” y la irrupción social


Las revoluciones de 1848 marcaron un punto de inflexión. A diferencia de las anteriores, tuvieron un alcance continental, se extendieron a gran velocidad, y sus demandas incluyeron no solo reformas políticas y nacionales, sino también reclamos sociales y económicos, especialmente de la incipiente clase obrera.


En Francia, el hartazgo ante el autoritarismo de Luis Felipe, la corrupción política y la exclusión social provocó su caída en febrero. Se instauró la Segunda República, que proclamó el sufragio universal masculino, el derecho al trabajo y creó talleres nacionales para los desocupados. Sin embargo, en junio, la represión de las revueltas obreras en París mostró la fractura entre la burguesía liberal y las clases populares.


En el Imperio austríaco, los levantamientos en Viena, Praga, Budapest y otras ciudades pusieron en jaque al canciller Metternich, que debió renunciar. Los húngaros, liderados por Lajos Kossuth, exigieron autonomía; los checos plantearon derechos lingüísticos y culturales; mientras que los italianos e alemanes reclamaban la unificación nacional. Sin embargo, las divisiones internas, el miedo burgués a la revolución social y la intervención militar terminaron desmantelando el proceso.


Hobsbawm describe 1848 como “el momento en que todas las demandas sociales y políticas se expresaron al mismo tiempo, pero ninguna logró imponerse”. Para José Carlos Chiaramonte, se trata de un “proceso que, pese a su fracaso inmediato, consolidó el imaginario de ciudadanía moderna y puso límites duraderos al absolutismo”.

IV. Balance historiográfico y proyección histórica


Aunque las revoluciones del siglo XIX no lograron en todos los casos cambios institucionales inmediatos, prepararon el terreno para las grandes transformaciones del siglo. La expansión del constitucionalismo, el crecimiento del nacionalismo de masas (que será decisivo en la unificación de Italia y Alemania en la década de 1870), y el surgimiento de un movimiento obrero organizado se incubaron en este periodo.


Desde una mirada marxista, estas revoluciones expresan los conflictos entre la vieja aristocracia terrateniente y la nueva clase burguesa, pero también anuncian la irrupción del proletariado como sujeto político. Desde enfoques más liberales, son el proceso inevitable de modernización política de Europa. En cualquiera de los casos, configuran el tránsito entre dos épocas: el fin del Antiguo Régimen y el inicio de la era liberal-industrial.

Cierre: de súbditos a ciudadanos


En última instancia, las revoluciones de 1820, 1830 y 1848 ilustran un proceso inacabado pero persistente: la transición de las sociedades estamentales a las sociedades modernas, donde la noción de ciudadanía, aunque limitada, comienza a reemplazar a la de súbdito. La lucha por la representación, la soberanía popular, la justicia social y el derecho de los pueblos a autodeterminarse son temas que continúan siendo actuales, y cuya genealogía se puede rastrear en estos momentos clave del siglo XIX europeo.

Bibliografía 

  • Eric Hobsbawm, La era de la revolución: 1789-1848

  • Georges Lefebvre, La Revolución Francesa y el siglo XIX

  • José Carlos Chiaramonte, Nación y Estado en Iberoamérica

  • Josep Fontana, La Europa de las revoluciones

  • Stefan Zweig, Momentos estelares de la humanidad (para lectura literaria complementaria)


Actividad: Redactar un texto argumentativo o comparativo

Consigna:

A partir del texto leído, respondé por escrito una de las siguientes consignas. Debés redactar un texto de al menos una carilla, con introducción, desarrollo y conclusión. Podés usar ejemplos del texto y tus propias ideas.


Opción AComparativa


Compará las revoluciones de 1830 y 1848: ¿en qué se parecen y en qué se diferencian en cuanto a los actores sociales, objetivos y resultados?


Opción BAnálisis histórico-social


¿Por qué se dice que las revoluciones del siglo XIX fueron protagonizadas por la burguesía? ¿Qué tensiones existieron entre la burguesía y los sectores populares durante las revueltas?


Opción CProyección actual


¿Qué elementos de estas revoluciones siguen vigentes en las luchas actuales por derechos y justicia social? ¿Podemos hablar hoy de nuevas formas de revolución?

viernes, 20 de junio de 2025

El Congreso de Viena de 1815: Restauración y reacción frente al cambio


El Congreso de Viena, desarrollado entre septiembre de 1814 y junio de 1815, fue el evento diplomático más importante de la Europa del siglo XIX. Su objetivo central fue reorganizar el continente tras la caída de Napoleón Bonaparte, estableciendo un nuevo equilibrio de poder y restaurando el orden monárquico tradicional alterado por las ideas y transformaciones de la Revolución Francesa (1789).

Contexto histórico: de la revolución a la reacción

La Revolución Francesa había desafiado los pilares del Antiguo Régimen al proclamar la soberanía del pueblo, la igualdad ante la ley y los derechos ciudadanos. Las guerras revolucionarias y la posterior expansión del Imperio napoleónico difundieron estas ideas por toda Europa. Sin embargo, como plantea Eric Hobsbawm, “la aristocracia y la monarquía, aunque debilitadas, seguían vivas. El problema era que ya no podían gobernar como antes” (La era de la revolución, 1962).


Tras la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo (junio de 1815), las potencias vencedoras decidieron reunirse en Viena con el propósito de restaurar el orden anterior y evitar futuras revoluciones.

Objetivos y principios del Congreso

El Congreso fue organizado por Austria, bajo el liderazgo del príncipe Klemens von Metternich, y reunió a las principales potencias europeas: Austria, Prusia, Rusia, Reino Unido y, notablemente, Francia, que participó a través del diplomático Talleyrand, en una jugada diplomática que buscaba reincorporar a Francia como una potencia confiable dentro del concierto europeo.


Los principios fundamentales que guiaron el Congreso fueron tres:

  1. Legitimidad: restaurar en el trono a los monarcas legítimos, desplazados por las guerras napoleónicas.

  2. Equilibrio de poder: evitar que una sola nación volviera a dominar Europa, como lo había hecho Francia bajo Napoleón.

  3. Intervencionismo: derecho de las potencias a intervenir en países donde se pusiera en peligro el orden monárquico.


El historiador Georges Lefebvre lo resume así: “El Congreso no trató de construir un mundo nuevo, sino de restaurar el viejo, con el menor número de modificaciones posibles” (La Revolución Francesa, 1939).

Reorganización territorial

El Congreso modificó profundamente el mapa europeo, otorgando ventajas estratégicas a las potencias vencedoras:

  • Rusia se anexó gran parte de Polonia.

  • Austria recibió territorios en el norte de Italia (Lombardía y Véneto).

  • Prusia ganó territorios en el oeste alemán, como Renania.

  • Reino Unido consolidó su poder naval con el control de islas clave como Malta y Ceilán.

  • Francia volvió a sus fronteras de 1792 y se restauró la monarquía de los Borbones, con Luis XVIII en el trono.


Se creó además la Confederación Germánica, una alianza de 39 Estados alemanes bajo liderazgo austríaco, que reemplazó al disuelto Sacro Imperio Romano Germánico.

Consecuencias políticas: el inicio de la Restauración

El Congreso inauguró la etapa conocida como la Restauración (1815-1848), caracterizada por el retorno del absolutismo, la represión del liberalismo y la censura de prensa. Se consolidó la llamada Santa Alianza, un pacto entre Rusia, Prusia y Austria para defender el orden conservador y monárquico en Europa.

Sin embargo, esta restauración fue frágil. Como sostiene Eric J. Hobsbawm, “aunque el Congreso de Viena parecía haber reconstruido el viejo mundo, ya no tenía los cimientos sociales ni ideológicos para sostenerlo a largo plazo” (La era del capital, 1975). Las ideas revolucionarias habían echado raíces, y pronto surgirían nuevas oleadas revolucionarias en 1820, 1830 y 1848, en muchas ocasiones como reacción al sistema impuesto en Viena.

Valoración historiográfica

Los historiadores coinciden en que el Congreso de Viena fue eficaz en garantizar la paz entre grandes potencias por casi un siglo (hasta 1914), pero ineficaz en su intento de detener las transformaciones sociales y políticas. Desde una perspectiva más crítica, Albert Soboul sostiene que “fue una victoria de las élites conservadoras, que impusieron un sistema a espaldas de los pueblos”.


Más recientemente, la historiografía ha matizado esta lectura. Autores como Mark Jarrett en The Congress of Vienna and Its Legacy (2013) señalan que si bien fue un instrumento de restauración conservadora, también inauguró una diplomacia multilateral moderna, sentando bases para el futuro derecho internacional.


El Congreso de Viena fue un intento monumental por restaurar un orden que ya estaba en crisis. Marcó el inicio de una nueva fase en Europa, donde las potencias intentaron contener, sin éxito definitivo, el avance de los movimientos liberales y nacionalistas que continuaban creciendo desde la Revolución Francesa. Como enseñanza histórica, muestra que los cambios sociales no pueden ser detenidos solo con decisiones diplomáticas: las ideas que nacen de la lucha por la libertad y la igualdad tienden a sobrevivir incluso a las restauraciones más estrictas.

 Bibliografía (historiografía utilizada):

  • Eric Hobsbawm, La era de la revolución (1962) / La era del capital (1975).

  • Georges Lefebvre, La Revolución Francesa (1939).

  • Albert Soboul, La Revolución Francesa (1962).

  • Mark Jarrett, The Congress of Vienna and Its Legacy (2013).

  • Norman Davies, Europa: una historia (1996).


Actividad: Congreso de Viena

Actividad: Congreso de Viena

Instrucciones:

Completa los espacios en blanco con los conceptos correctos. Luego, establece relaciones entre los

elementos, indicando cómo se vinculan con flechas o líneas según corresponda.

1. Contexto histórico

a) El Congreso de Viena se realiza tras la derrota de ________________.

b) Su principal objetivo fue reorganizar Europa y frenar las ideas surgidas de la ________________.

2. Objetivos del Congreso

Relaciona cada objetivo con su descripción correcta:

Objetivo Descripción

A. Restauración 1. Evitar que una sola potencia domine Europa.

B. Equilibrio de poder 2. Reinstaurar a los monarcas tradicionales.

C. Contención del liberalismo 3. Suprimir ideas revolucionarias como la soberanía popular.

3. Principales participantes

Completa la tabla con los países y representantes correctos:

País Representante

Austria

_____________________________

Reino Unido

_____________________________

Rusia

_____________________________

Prusia

_____________________________

Francia

_____________________________4. Principios del Congreso

Escribe el nombre del principio que corresponde a cada definición:

a) Reinstaurar a los reyes legítimos en sus tronos → ________________

b) Mantener una distribución de poder para evitar hegemonías → ________________

c) Justificar la intervención de las potencias en conflictos internos → ________________

5. Consecuencias territoriales

Une con flechas las potencias con los beneficios obtenidos en el Congreso:

• Francia

• Rusia

• Austria

• Prusia

• Reino Unido

• Gana parte de Polonia

• Controla el norte de Italia

• Se expande hacia Renania

• Vuelve a fronteras de 1792

• Consolida colonias estratégicas

6. Relación con la Revolución Francesa

Completa:

a) El Congreso de Viena fue una respuesta para frenar la expansión de ideas como ________________,

________________ y ________________, surgidas durante la Revolución Francesa.

b) Mientras la Revolución proponía igualdad y ciudadanía, el Congreso buscaba la ________________ del

orden tradicional.

Reflexión final

¿Por qué creés que el Congreso de Viena no logró mantener el orden por mucho tiempo, si logró restaurar a

los reyes y reorganizar Europa?